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Nuestros océanos nunca han estado tan calientes en un mes de junio. Y este récord puede ser solo el comienzo.

Los océanos del planeta continúan registrando temperaturas excepcionalmente altas, una tendencia que preocupa cada vez más a la comunidad científica debido a sus posibles consecuencias para el clima, la biodiversidad marina y las actividades humanas que dependen del mar. Durante los últimos años, diversos organismos internacionales han informado que la temperatura superficial de los océanos ha alcanzado niveles sin precedentes en varias regiones, reflejando el impacto del calentamiento global sobre los ecosistemas marinos.

Los océanos desempeñan un papel fundamental en la regulación del clima terrestre. Absorben aproximadamente el 90 % del exceso de calor generado por el aumento de los gases de efecto invernadero y también capturan una parte importante del dióxido de carbono emitido por las actividades humanas. Gracias a esta función, ayudan a moderar las temperaturas del planeta, aunque esa capacidad tiene límites y genera importantes cambios en el medio marino.

Cuando la temperatura del agua aumenta de forma sostenida, se alteran numerosos procesos naturales. Uno de los efectos más visibles es el blanqueamiento de los arrecifes de coral. Estos ecosistemas albergan una enorme diversidad de especies y dependen de unas algas microscópicas que viven en simbiosis con los corales. El exceso de calor provoca la expulsión de estas algas, dejando a los corales debilitados y con un característico color blanco. Si las altas temperaturas persisten durante mucho tiempo, los corales pueden morir.

El calentamiento de los océanos también afecta la distribución de muchas especies marinas. Peces, mamíferos, moluscos y otros organismos pueden desplazarse hacia aguas más frías en busca de condiciones favorables, modificando los ecosistemas y alterando las actividades pesqueras de numerosas comunidades costeras.

Otro efecto importante es el aumento del nivel del mar. El agua se expande al calentarse y, al mismo tiempo, el incremento de las temperaturas acelera el deshielo de glaciares y capas de hielo continentales. Ambos procesos contribuyen al ascenso del nivel del mar, incrementando el riesgo de inundaciones y erosión en zonas costeras de todo el mundo.

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